Deep Tech y la soberanía tecnológica

En la era de la Deep Tech, la frontera entre la ciencia básica y el mercado se ha difuminado para resolver los retos más complejos de la humanidad. En España, diferentes agentes trabajan para dejar de ser un mero espectador y convertirse en una parte activa de la revolución tecnológica global.
Qué es Deep Tech y por qué es una oportunidad para España
Las tecnologías Deep Tech se caracterizan por una alta complejidad científico-técnica, elevado riesgo y largos periodos de desarrollo, con un impacto estructural en la industria y las cadenas de valor. Surgen de avances científicos de frontera, como cuántica, fotónica, nanotecnología o biología sintética y son clave para la autonomía estratégica y la competitividad de Europa, ya que están claramente orientadas a generar un impacto disruptivo en su llegada al mercado. Su desarrollo está estrechamente ligado a centros de investigación y tecnológicos, y su llegada al mercado suele realizarse a través de spin-offs. Estas tecnologías requieren grandes inversiones sostenidas en talento, infraestructuras e industrialización, por lo que resulta imprescindible una estrategia nacional a largo plazo, coordinada con los niveles europeo y autonómico, que garantice políticas de apoyo coherentes y continuas.
España tiene previsto lanzar, en este año, la primera Estrategia Nacional de DeeptTech, liderada por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Esta hoja de ruta es vital por varias razones estratégicas:
1. Cierre de la brecha investigación-mercado: España ha arrastrado históricamente una paradoja: ocupa el 9º puesto mundial en producción científica, pero el 28º en innovación. Esta estrategia busca transformar esos «papers» en impacto económico real. Así, activa mecanismos de transferencia tecnológica para que el conocimiento no se quede en las bibliotecas, laboratorios o centros de investigación, sino que genere riqueza.
2. Músculo financiero y ecosistema maduro: el plan cuenta con un fondo inicial de 353 millones de euros (procedentes del CDTI e Innvierte junto al BEI) para impulsar el escalado industrial. El ecosistema ya no es anecdótico: en 2025 se contabilizaron 1.007 spin-offs activas que facturan 1.400 millones de euros y generan más de 13.400 empleos de alta cualificación.
3. Soberanía y autonomía: en un contexto de incertidumbre global, poseer capacidades propias en tecnologías críticas como la fusión nuclear (con infraestructuras únicas en Granada) o la supercomputación (con el MareNostrum 5 en el Barcelona Supercomputing Center, entre los diez más potentes del mundo) es una cuestión de supervivencia económica y política. A ello se suma el avance en semiconductores fotónicos, con iniciativas como la futura planta de SPARC Foundry en Vigo, una infraestructura única en Europa que está atrayendo talento internacional y sentando las bases de un ecosistema industrial de alto valor añadido. Este tipo de capacidades refuerzan la autonomía estratégica al asegurar que tecnologías clave se diseñen, desarrollen y fabriquen en territorio europeo, que reduzcan dependencias externas y fortalezcan la resiliencia industrial
Deep Tech a nivel global: Europa, modelo ético y especializado
A nivel global, las tecnologías Deep Tech representan ya el 44% de la inversión tecnológica europea. Mientras Estados Unidos y Asia (liderada por China) han dominado tradicionalmente la narrativa de la innovación mediante grandes modelos fundacionales y producción masiva, Europa ha optado por un modelo basado en la especialización y la ética.
Aunque el potencial de España se integra en la hoja de ruta europea, el ámbito Deep Tech nacional compite con fuerza en nichos específicos, por ejemplo, el 19,8% de nuestras spin-offs se dedican al ámbito de la biotecnología. Así, se ha consolidado como el sector principal de estas empresas de tecnología profunda, seguidas de las dedicadas al sector energía, que ya copan el 16,7%.
El país ha sabido territorializar su talento: Cataluña y Madrid lideran en salud y biotecnología, mientras que el País Vasco destaca en energía e Industria 4.0 y Galicia se posiciona en tecnologías de resiliencia costera. Esta diversidad permite a España no depender de un solo sector; construye una resiliencia que las economías basadas en una sola plataforma digital no poseen.